Por: Francisco Marte
La noche del lunes 7 de abril de 2025 parecía una más, de esas que transcurren sin sobresaltos, marcadas por la rutina y el cansancio. Eran cerca de las 10 de la noche cuando salía de una institución donde cursaba una especialidad.
Ya afuera, en el parqueo, el aire tenía ese silencio típico de las noches largas, cuando el día ya ha dado todo de sí.
Fue entonces cuando un compañero y amigo, que estaba de cumpleaños ese día, se me acercó con entusiasmo y me dijo:
—Vamos para el Jet Set a bebernos unos tragos. Un amigo me invitó, pero no puede ir… y esta noche estará Ruby Pérez.
Lo miré, medio en broma, medio en serio, y le respondí:
—Mi hermano, eso es para ricos, capos y peloteros. Mejor quedémonos por la zona, en uno de los bares de por aquí.
La conversación quedó ahí, como tantas otras decisiones pequeñas que uno toma sin imaginar su peso real.
Invitamos a varios compañeros más y nos quedamos compartiendo en la zona hasta pasada la medianoche, y cada quien siguió su camino.
Horas después, al ver la noticia en redes sociales a las 2:47 de la madrugada, le escribí por WhatsApp para informarle de lo que estaba pasando y recordarle su intención de ir a ese lugar… bromeamos un poco sober su suerte, sin saber que aquella había sido una noche distinta, una de esas que parten la vida en un antes y un después.
Ironías de la vida: cuando dije que ese lugar era para peloteros, jamás imaginé que, fatídicamente, un amigo de infancia, Tony Blanco, moriría allí. Era pelotero…

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